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10 baterías de Saft con historia

Muchas baterías de Saft están diseñadas para funcionar en condiciones extremas o para cubrir necesidades infrecuentes. Estas son las historias de 10 de nuestras baterías más extremas.

 

1. La batería más grande del mundo

La ciudad de Fairbanks, en Alaska, es un lugar lejano y frío. No cuenta con ninguna conexión eléctrica con el resto de Estados Unidos. Un corte del suministro eléctrico podría ser desastroso para la ciudad. Para evitar esto, en 2003, Saft suministró la batería más grande del mundo. De 2000 m2 y 1300 toneladas de peso, la batería proporciona 40 megavatios de energía durante un máximo de siete minutos. Es tiempo suficiente para arrancar los generadores diésel de emergencia que restablecerán el suministro de energía a la ciudad. Esta batería a base de níquel debe funcionar a la primera, cuando sea necesario, a pesar de las temperaturas, las cuales pueden bajar hasta -51 °C.

2. La batería del espacio exterior

Philae, la sonda robótica de la Agencia Espacial Europea, se posó en un cometa a 720 millones de km de la Tierra en noviembre de 2014, al término de un viaje de casi 11 años. El lugar en el que se posó provocó que sus paneles solares no estuvieran iluminados por el sol. Lo que le permitió llevar a cabo su misión fue su batería primaria de Saft, que proporcionó energía durante 64 horas a temperaturas de congelación. Nunca ninguna otra batería había viajado más lejos de la Tierra.

3. La batería en el fondo del océano

El mar presenta algunas similitudes con el espacio exterior, por lo tanto, es lógico que Marum – el centro para la investigación del entorno marino de la Universidad de Bremen – recurriese a Saft para alimentar su vehículo de exploración en el fondo del mar, CMOVE. Al funcionar en profundidades de varios miles de metros, el vehículo no tripulado es una plataforma móvil para varios instrumentos científicos y experimentos. Su batería debía ser ligera, ahorrar espacio y capaz de alimentar el vehículo durante misiones de hasta nueve meses.

4. La batería que cruzó los Andes

Cobija, en la selva amazónica boliviana, es el hogar de la microrred híbrida fotovoltaica-diésel más grande del mundo, con un sistema de almacenamiento de energía (ESS) que combina paneles solares y generadores diésel. La energía de los paneles solares se almacena en una batería, lo cual reduce la dependencia de la comunidad en diésel. La naturaleza extrema de este proyecto está en el reto de llegar al enclave. Sin un aeropuerto adecuado en el que aterrizar, el transporte de los contenedores se realizó por ríos y estos fueron transportados a continuación en camión a través de los Andes.

5. Las baterías que resistieron a la explosión de un cohete

El primer vuelo de prueba de la lanzadera Ariane 5 falló espectacularmente cuando una avería en el software de control activó su autodestrucción. El circuito de seguridad, alimentado por seis baterías de Saft, activó las cargas explosivas y el cohete no tripulado explotó 37 segundos después del lanzamiento. Nadie resultó herido por los escombros, que se quedaron dispersos en la selva tropical de la Guayana francesa. Más de seis meses después, cuatro baterías de Saft fueron recuperadas y enviadas a casa para ser comprobadas. A pesar de la explosión y de la caída de 5000 metros, todavía estaban en perfecto estado de funcionamiento.

6. La batería del satélite que duró 18 años

Lanzado en 1984, el satélite de comunicaciones marítimas MARECSA B2 revolucionó las comunicaciones de mar a tierra y desempeñó un papel en innumerables operaciones de búsqueda y rescate. Diseñado para funcionar durante siete años, el satélite no fue lanzado hacia una órbita superior de «retiro» hasta el año 2002. Su batería Saft a base de níquel todavía funcionaba correctamente pasados 11 años adicionales.

7. La batería que puede soportar el lanzamiento de un cohete

Las baterías colocadas a bordo de cohetes deben resistir niveles muy elevados de impacto y de vibración durante el lanzamiento. La batería M62 de Saft fue diseñada para ello y es la batería más grande de su categoría. Utilizada por primera vez en 2008, en el Vehículo de Transferencia Automatizado que fue lanzado en un cohete Ariane 5 y utilizado para transportar material a la Estación Espacial Internacional, actualmente está siendo probada por agencias espaciales en los Estados Unidos y Japón.

8. La batería en el Polo Norte

El primer ESS situado al norte del Círculo Polar Ártico se encuentra en el lago Colville, en el norte de Canadá. Como el de Cobija, cuenta con una combinación de paneles solares y una nueva central de diésel para reemplazar los antiguos generadores diésel que había utilizado hasta entonces la comunidad de 150 personas. La batería tuvo que ser entregada a través de caminos helados que se abren durante solo unas pocas semanas al año.

9. La batería que funciona en atmósferas explosivas

En atmósferas potencialmente explosivas, un cortocircuito de una batería podría ocasionar una explosión. Por lo tanto, las baterías destinadas a estos entornos, como la medición del gas o el seguimiento de mercancías peligrosas, deben someterse a una exigente prueba de cortocircuito. La M20 EX de Saft fue diseñada para superar esta prueba a temperaturas ambiente de hasta +70 °C y es la única batería de su categoría que está certificada para ser usada en atmósferas explosivas.

10. La primera batería de Saft en la luna

El satélite Smart1 fue diseñado para responder a preguntas sobre el origen de la Luna, para buscar rastros de hielo en el Polo Sur de la Luna y para probar la propulsión eléctrica solar y otras nuevas tecnologías. Después de orbitar alrededor de la luna durante tres años, en una maniobra planificada, se estrelló en la superficie. Cada vez que la trayectoria del satélite lo sacaba del alcance de los rayos solares que lo alimentaban, este contaba con una batería Saft de iones de litio.

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